El Espíritu Santo de Dios, Su manifestación en el hombre

El Espíritu Santo de Dios

Su manifestación en el hombre

 

 

 

El hombre se cuestiona, se responde y así enseña, sobre las maravillas del Espíritu Santo de Dios… Pero Jesucristo, La Palabra en persona de Dios, es claro al hablar… Porque es, Verdad.

El hombre hace misterios… De lo que Jesús hizo palabra clara de vida eterna.

“¿Qué implica el bautismo del Espíritu santo y cuáles son sus Manifestaciones tangibles en el hombre?… ¿Bautismo del Espíritu es igual a Llenura del Espíritu Santo o el Nacimiento en el Espíritu?”

Aunque ciertamente todas esas expresiones son similares, veamos cómo quedan explicadas en La Palabra de Dios:

Nacer de nuevo, en el espíritu. El nacimiento de nuevo, en el espíritu, viene por “creer a Jesús”, y buscar el Reino de Dios sobre todas las cosas del mundo dejando que lo demás llegue por añadidura:

“…’Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.’…”

Nacer de nuevo, en el espíritu, es lo único importante en esta vida en verdad, pues si no nacemos de nuevo en el espíritu, no podemos entrar en el reino de los cielos. Y Jesús nos enseña que “no puede estar Dios con el hombre que no ha nacido de nuevo”:

“…Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. Respondió Jesús y le dijo: ‘En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.’…”

Ahora bien, ¿cómo se nace de nuevo? Igual que un bebe no nace por algo que él hiciese, sucede ahora también: el hombre no nace de nuevo, en espíritu, por él sino por Dios. Pero… ¿Significa esto que no importa lo que haga el hombre… pues sólo nacerá de nuevo si Dios quiere? No. “El hombre para nacer de su nueva sustancia o conciencia (espíritu), debe él mismo morir de su anterior” es decir, para nacer en espíritu debe  “decidir” morir de su carne.

El proceso pues, es que el hombre primero decide que este mundo, su personalidad y sus creencias hasta hoy, no son lo que él quiere por mas tiempo; negarlas, y “traspasarle” toda autoridad a Dios; rechazar ya las aparentes verdades del mundo y entregarse a Su Verdad (que es la única)… En otras palabras ¡Reconocerlo como Padre! Como único posible Padre, como único origen de él, hombre; y como tal hijo… Así desear, y comprometerse a vivir.

Esta es, “la acción personal que desencadena” que ¡El Padre venga corriendo al encuentro de su hijo pródigo! Exactamente igual a como Jesús lo explica en Su parábola de Salvación (¡léanla!). Cuando el hombre hace esto… Dios hace el resto. Y así, nace el hombre por Dios, en el Espíritu; y todo empieza de nuevo, esta vez… en Paz y en Verdad.

Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.…”

 

Llenura del espíritu. Aunque esta es una expresión de hombres y de iglesia, no de Jesucristo mismo. La palabra llenar en este caso significa… eso, no dejar hueco alguno para la carne sino estar lleno del espíritu. Así, sabido ya que es el propio hombre el que “rinde” su (por la gracia de Dios) soberano espacio personal… Individual, entonces deduciremos que es también en el hombre donde se encuentra la llave de paso para ser más o menos “rellenado”, en función de si él está predispuesto a vaciarse más o menos.

Vaciarse del mundo, por completo, para llenarse del Espíritu de Dios por completo, es lo que vino a mostrar ser posible El Cristo, en Jesús. Esa es, La Salvación. Y mantenerla es posible únicamente por el Poder y la Virtud del Espíritu Santo morando ya en ese hombre.

Dios mismo habló en dos ocasiones desde los cielos a los hombres para dar testimonio de Jesucristo y reconocerle como el (único) hombre que LE complacía completamente.

La primera vez, después de Su bautismo (se cita mas adelante el pasaje):

“…Y se oyó una voz de los cielos que decía: "ESTE ES MI HIJO AMADO EN QUIEN ME HE COMPLACIDO.”…”

La segunda vez que acontece semejante evento (Dios hablando a los hombres), y que nuevamente fue para dar testimonio de Jesucristo, ocurrió cuando el hombre (Pedro) comete el error de pretender igualar a Jesucristo con cualquier otro profeta o enviado. En este caso, Pedro pretendía honrar por igual a Jesús que a Abraham y a Elías:

“…Entonces Pedro dijo a Jesús: "Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías." Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: "ESTE ES MI HIJO AMADO EN QUIEN YO ESTOY COMPLACIDO; ÓIGANLO A EL.”…”

Así pues, lleno… Uno Solo hemos conocido: Jesús. Él es el Hijo, por ser en quien El Padre se ha podido complacer, llenamente, en la tierra.

Y sus discípulos, de todos los tiempos, sabe Dios en que medida sean llenos a cada uno de sus días… Pero la gracia de Dios y por tanto de SU Espíritu es tanta que un mero destello que salga de uno de los discípulos de Jesús en un solo momento puede resultar cegador a los ojos de los hombres.

Rellenar, en cambio, significa que algo que tiene algún vacío en parte… Se acaba de llenar, se rellena; para que vuelva a estar rebosante. Uno se puede “vaciar algo del mundo” y el Espíritu lo rellena. A diferencia de, llenarse del todo y de una vez… De vacío, a lleno.

La llenura del espíritu pues, fue en Jesús, aunque el rellenarse del Espíritu lo es en cada quien, en la medida que cada quien se entregue, cada día, cada acto de su vida. Judas hizo diferente de los demás discípulos, pero a todos les fue dada la misma Palabra. Pablo hace con diferencias de Pedro y todos, con diferencias de cada otro, pero El Espíritu Santo en todos ellos, es el mismo.

No obstante… Jesucristo nos muestra que como Él, hemos de hacer ¡Y no menos, sino más!

La salvación es estar “lleno” del Espíritu Santo de Dios, y no, “relleno” con EL, aún con otras cosas también.

Esto último por el contrario es lo que Jesús nos advierte y previene:

“…Y El les dijo: ‘Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.’…”

Y nos llama a rechazar todo cuanto hemos atesorado antes, para atender ahora únicamente al tesoro de verdad.

Y nos llama a entender… Que Su “Buena Nueva” no armoniza con nada de lo aprendido anteriormente, de Dios o del mundo, y así es… en verdad:

“…También les dijo una parábola: ‘Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces romperá el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizará con el viejo.’…”

Por eso… Sólo puede haber nuevo nacimiento, en el Espíritu, cuando hay vaciado completo del mundo y llenado, completo, del Espíritu de Dios.

 

Bautismo del Espíritu. El bautismo en el agua es una representación, un acto simbólico. Sumergirse en agua para salir a flote después, representa gráficamente (visualmente para todos) ese entierro de la carne y resurrección en el espíritu del que hemos hablado antes. Es una representación generalmente pública, que hace el hombre que (según él o sus maestros) se rinde, para que los demás entiendan que a partir de ese momento él quiere entregarse a Dios; y también para él mismo le sirve, para auto reforzarse en dicha voluntad de entrega… Pero es tan sólo “la representación de un deseo personal”.

"… Entonces Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán, acudían a él, y confesando sus pecados, eran bautizados por Juan en el río Jordán. […]  Yo, en verdad, los bautizo a ustedes con agua para arrepentimiento, pero Aquél que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitar las sandalias; El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. […] Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él.”

Sabemos que el día que Jesús se bautizó en agua por Juan en el Jordán, habrían decenas o cientos de hombres también bautizándose junto a Él, ¡el mismo día en el mismo río y en las mismas aguas!… Pero de todos los que se bautizaron ese día (y los días antes y los días después) Uno Solo… recibió El Espíritu Santo, “pues Uno Solo se rindió… murió su persona en verdad”. Los demás… ¿Qué se llevaron de ese bautismo? A buen seguro agua, humedad en sus ropas y en su piel… y quizás alguno se llevara también mayor “sensación” de que era siervo de Dios… y seguro todos, dejaron patente ante las miradas de los demás que ya habían decidido entregarse a Dios, por tanto lo que todos si se llevaron fue “una imagen” que guardar en sus memorias, una referencia… de su intención personal; nada menos, “y nada más” que eso.

Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y los cielos se abrieron en ese momento y él (Juan) vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre El.

El bautismo en agua pues, es una representación de lo que ha de ser el verdadero bautismo en nosotros: El bautismo en el Espíritu. Y este, no es nada que pueda hacer el hombre con gestos físicos o visibles, pues Dios no necesita de nuestros gestos para saber que hay en verdad en nuestros corazones; es un morir para resucitar; morir de un estado de conciencia carnal, para resucitar en un estado de conciencia espiritual. Y esto es posible no por agua ni elemento o acto material alguno, sino por la rendición, de la que hablamos antes; la repudia (el arrepentimiento) de los poderes que al mundo le dábamos, para traspasarlos a quién en Verdad pertenecemos… Y a “Este”, ¡le pertenecemos como hijos! mientras que el otro… nos tenia (y tiene, mientras no haya bautizo en El Espíritu), como esclavos.

Y por último, para que entendamos lo que es, y lo que aún no es…

 

Las manifestaciones tangibles en el hombre. En las manifestaciones tangibles en el hombre que ha sido bautizado en el espíritu,  las hay desde “las máximas” (las que en Cristo se veían), hasta las del discípulo que menos se haya entregado… Cada quien, saca La Luz de sí según abra sus propias puertas.

Pero no obstante, como antes se ha dicho… Jesucristo nos muestra que como Él, hemos de hacer ¡Y no menos, sino más!

“…‘En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre. ’…”

Por eso, Jesucristo urge a sus discípulos a que hagan otros (discípulos) bautizándolos en el agua primero, para que tomen compromiso de vivir ya en la voluntad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, que es Una Sola ya.

“…‘Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’…”

Y si como Él, estos bautizados creyeran; si como Él, estos bautizados se arrepintieran de todo lo del mundo… Como Él, recibirían el bautismo del Espíritu Santo después, siendo así nacidos de nuevo en El Espíritu Santo de Dios.

“…Jesús le dijo*: […] ‘Dios es espíritu […]…”

 

…Y lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es.

 

 

Gracias Padre

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